Demis Hassabis proyecta calma, foco y paz, una brillantez sin estridencias. El cofundador y CEO de Google DeepMind -que este miércoles abordó la promesa de potenciar el cerebro humano a través de la inteligencia artificial- es un fanático de Blade Runner que lleva meses sin dormir demasiado, con largas noches de investigación en su oficina o su habitación. “Sueño con que mi Gmail esté completamente automatizado”, reconoció en el Lumière Theatre.
Desde los 90, cuando diseñaba videojuegos de simulación como Theme Park, también sueña con la fusión virtuosa entre arte y tecnología. Un proyecto que no podría tener una plataforma más influyente en Google, donde el neurocientífico británico -nada menos que Nobel de Química en 2024, por sus avances en el diseño computacional de proteínas y la predicción de su estructura mediante IA- lidera un equipo que construye herramientas para empoderar la expresión artística.

En eso centró su presentación en la edición 2026 de Cannes Lions, que ya le había dibujado una sonrisa el martes, cuando ganó el Grand Prix de Digital Craft por “Project Genie”, la aplicación que permite crear mundos interactivos a partir de texto, fotografías o una galería de más de 20 escenarios prediseñados.
Cuando la moderadora Francine Lacqua (presentadora de Bloomberg TV) preguntó por las capacidades que todavía le faltan a la IA, Hassabis mencionó la planificación a largo plazo y la “verdadera creatividad” de la mente humana, más allá de la iteración entre ideas conocidas. Nuestro cerebro, se entusiasmó, todavía no tiene rival en los departamentos de eficiencia energética y gestión de datos. Y la emoción, la creatividad, el sueño nos siguen haciendo especiales.

Pero si bien planteó que los peligros de que la IA arrase con áreas enteras de la industria suelen exagerarse, también advirtió que todavía no dimensionamos hasta qué punto la IA transformará el paisaje de la actividad humana durante los próximos tres lustros. Hassabis augura una revolución en la creatividad científica, donde la tecnología ayudará a los mejores del mundo a ingresar en una era dorada del progreso.
Y aunque reconoció las vulnerabilidades y los problemas para abordar los usos dañinos, como ciberataques masivos, también elogió a herramientas como NanoBanana, y los modelos que permiten editar con realismo, receptivos a instrucciones simples y -algo no tan frecuente en el escenario actual- capaces de devolver exactamente el resultado pedido.
Entre el arte y la técnica
La capacidad de la IA para intervenir en el arte se desarrolla a través de algunas preguntas clave: ¿Qué puede hacer la tecnología por los artistas? ¿Qué están buscando en el estudio? ¿Y qué visiones pueden aportar para que la relación florezca?
En ese punto de la conversación se sumó el empresario Scott Belsky, socio del estudio cinematográfico A24, que esta semana anunció una colaboración con Google para recibir USD 75 millones con el objetivo de “ayudar a los artistas a desarrollar nuevos flujos de trabajo y técnicas” con IA.

El propósito de esa sociedad es potenciar la curiosidad mutua, por ejemplo en los avances que podrían conseguirse a través de la tecnología CGI, una irrupción que -como la IA- despertó suspicacias en sus momentos iniciales. “Hay que esperar lo inesperado”, arengó. Allá afuera hay un mundo nuevo de producciones chicas y storytellers que testean sus ideas al instante, con una capacidad inédita para tomar riesgos que derivará en nuevas historias, nuevas formas y nuevos contenidos.
Belsky imaginó aplicaciones revolucionarias para los parques temáticos, donde podrías interactuar con los personajes, preguntarles por sus historias y que te pregunten sobre ellas. Hassabis proyectó un escenario similar en el mundo de los videojuegos. Pero el responsable de DeepMind, que apoya la idea de taguear los contenidos hechos con IA, no quiso dejar el escenario sin remarcar un concepto.
Al menos por ahora, el craft y la creatividad van a seguir viniendo de la creación humana.
