En un año donde la inteligencia artificial dominó casi cada conversación del programa de Cannes Lions, en el Rotonde Stage, hubo una apuesta radicalmente distinta: dos seres humanos sentados frente a frente, hablando sin guión. Malcolm Gladwell, el escritor que convirtió las ideas en fenómenos de cultura pop, y Questlove, músico, DJ, cineasta, podcaster, director musical de late night show de Jimmy Fallon y entrepreneur culinario, se encontraron para explorar la pregunta del millón: ¿qué hace que una historia enganche?
Gladwell abrió la conversación contando que al preparar la versión del audiolibro de su último trabajo, buscó música que lo acompañara y para eso se comunicó con el músico Nathaniel Andrew Hoffman. «Le mandé el libro. Él lo leyó y me mandó de vuelta una canción que había compuesto llamada ‘Troubles'», relató. La escribió mientras llevaba a sus hijos al colegio la mañana después de un tiroteo escolar.
«La escuché y me invadió por completo», dijo Gladwell. «Esa canción capturaba perfectamente en tres minutos lo que yo tardé un libro entero en decir. No podía imaginar lanzar el libro al mundo sin esa canción.» Fue desde ese lugar de admiración que Gladwell le preguntó a Questlove: ¿cuál es la diferencia entre las historias que cuentan las canciones y las que contamos con palabras?
Questlove no respondió de manera directa. Primero fue a la pandemia. En 2020, mientras todos estaban encerrados, él empezó a hacer sets de DJ online. Y eso cambió su relación con la música. «Como DJ tenés que divorciarte de todo el snobismo musical de “esta es una buena canción, esta es mala”», explicó. «En el DJing, la pregunta es: ¿qué canción es efectiva?» Para él, las canciones más efectivas no son necesariamente las que uno elegiría para escuchar en casa. Son las que funcionan, las que mueven, las que conectan en el momento exacto.
“Cuando una canción te llega, la escuchas y la conocés, esa es una canción efectiva”. Entonces, ¿cómo se construye? La diferencia entre improvisar y narrar, entre tocar y decir algo, no viene de la improvisación pura ni del control total, sino de algún punto entre los dos.
Con ocho terabytes de música en su computadora, equivalente a cerca de ochenta mil canciones, Questlove admitió que en realidad su zona de confort como DJ se reducía a cuatrocientos temas. Le sorprendió descubrir que su mejor set del verano fueran tres horas de frecuencias de sonido puras, sin letra, sin melodía reconocible.
«La gente estaba llorando», recordó. «Y yo pensé: ¿así que esto es lo que funciona? Hay personas de cerebro y personas de corazón», explicó. «Yo soy de cerebro. Crecí en el Filadelfia de los 80, en la época del crack. Llegar a casa sin problemas era un milagro diario. Eso te obliga a planificar, hace subir el volumen del cerebro y bajar el del corazón. Recién ahora estoy aprendiendo a vivir el momento.»
Una lección que aprendió Questlove investigando para sus documentales sobre Sly and the Family Stone y Earth, Wind & Fire, es que cada canción tenía una intención escrita antes de componerse y decidió experimentarlo en carne propia. El próximo álbum de The Roots, que lleva once años en proceso, será el primero que componga con intención deliberada. «No más hacer lo de siempre y ya veremos qué sale», confesó. No faltaron las anécdotas. Íntimo amigo de Anthony Bourdain, en un intercambio músico-culinario, le preguntó al chef: “¿Es verdad que echaste a tres sous-chefs por poner Billy Joel?” y Bourdain respondió sin inmutarse: “¡Por supuesto! Rompieron las reglas”, señalando un cartel que rezaba “Billy Joel está prohibido en mi cocina”.
Y tal vez el momento más emotivo de la charla fue cuando contó sobre una gira en el 2005, con los Red Hot Chili Peppers. Ante noventa mil personas en Italia, observó que cada tres canciones la banda se reunía en un abrazo en el medio del escenario. Intrigado, pensó que estaban cambiando el setlist. Noche tras noche, la secuencia era idéntica. Finalmente les preguntó qué se decían en esos círculos. “Solo damos las gracias por esto. Somos unos chicos de 13 años de Los Ángeles y ¡mirá dónde estamos!, en Italia, frente a toda esta gente. Solo estamos agradecidos”. Entonces todo tuvo sentido para el músico: “Claro, es que ellos se quieren de verdad. Cualquier partnership que tengas tiene que estar basado en una conexión personal”, aconsejó.
Hacia el final, Questlove volvió a sus documentales y a la técnica narrativa que aprendió al hacerlos. «Vos venís por los hits de Earth, Wind & Fire y yo te enseño la importancia de la meditación, la intencionalidad, la respiración. Venís por el repaso musical del SNL y yo te enseño sobre el miedo y dar un paso hacia tu destino.» “La historia funciona como caballo de Troya”, resumió Gladwell. “La audiencia cree que vino por algo y sale con otra cosa, más profunda, más duradera. Eso, en esencia, es lo que hace que las historias funcionen: no revelar demasiado pronto lo que quieren decir.”

